martes, 15 de mayo de 2012

José Córdova. Animal desbocado. México DF, Proyecto Literal-Colección Limón Partido, 2012. 94 pp.


En un mercado cada vez más enfocado en productos masivos con buena apariencia pero de calidad muy estandarizada y, por tanto, dudosa, aparecen alternativas para personas que no se conforman con más de lo mismo. Pero hay productos y productos… y el libro es uno muy particular.
Se suele pensar de manera mecánica que el libro es una suma de papel impreso generado únicamente por el autor, pero la realidad es otra. Un libro, cada edición, tiene su propia historia. El autor es el protagonista, qué duda cabe, pero lo cierto es que para que un libro llegue a manos de un lector en condiciones ideales debe existir un sistema de elaboración compuesto por una cadena de elementos o etapas indispensables de producción.
La diferencia entre una editorial monstruosa (en la tercera acepción del Diccionario de la lengua española) y una editorial independiente no solo es el volumen de impresión, el trabajo en serie, la planificación financiera y las utilidades que se generan. La distinción clave entre una y otra es la mística de una línea de trabajo que más tiene que ver con la pasión que con la rentabilidad del negocio, con el hecho de vender a como dé lugar cualquier cosa. Una pasión basada en un olfato que no obedece a recetas sin pierde ni riesgo alguno, tampoco a los dictados de estudios de mercado ni a los muy diversos aspectos que se podrían aglutinar bajo el paraguas de la cultura de éxito que promueven los libros de autoayuda.
Este trabajo apasionado que sostiene a una editorial independiente va de la mano con todo un estilo que valora lo humano, lo creativo e innovador dentro de una tradición, y la dedicación minuciosa para la consecución de objetivos nobles, que van o deben ir más allá de la supervivencia empresarial. Quizás el aspecto más relevante y apreciado sea la especial relación de los editores con los autores, que no se basa en la exigencia de una producción cíclica y temática sino, más bien, en la disposición de un espacio de publicación a la medida de los intereses comunes y basada fundamentalmente en el respeto al tiempo, tema y género que implica cada libro.
Esta independencia se fundamenta en las fisuras y vacíos que dejan las estrategias de marketing de las editoriales monstruosas, así como de las tensiones tirantes para alimentar la voracidad de lectores cada vez más acostumbrados a propuestas desabridas que no implican mayores riesgos. En realidad es una cuestión de contraste.
La magia de la editorial independiente solo es dable en la dimensión de un mundo posible que admite la existencia de una editorial monstruosa, para así poder plantear asuntos nada urgentes ni importantes para una empresa preocupada solo en ser perfecta en lo excesivamente grande o extraordinario, como la defensa de la bibliodiversidad o el descubrimiento, difusión o rescate de escritores de culto, aquellos que están más allá del bien y del mal del mercado.
En este escenario, se tiene el sugestivo nombre de Proyecto Literal, editorial independiente de México, nacida hace casi nueve años y dirigida por Jocelyn Pantoja. En todo este tiempo, solo en su colección de poesía Limón Partido ha publicado aproximadamente treinta títulos, entre los que cabe nombrar Al sur en Caral de la peruana Elma Murrugarra, Síncopes del guatemalteco Alan Mills, NGC 224 del chileno Héctor Hernández Montecinos (h.h.) y Demonia Factory del ecuatoriano Ernesto Carrión. Al revisar el catálogo de esta colección, es posible advertir que los autores tienen en promedio treinta y tres años, es decir, todos han nacido alrededor de 1979.
Aparte de la significativa edad, es importante señalar que la tercera parte de estos autores son mexicanos. A este grupo le sigue, con un espíritu ampliamente inclusivo por lo latinoamericano, cuatro chilenos, tres uruguayos y dos brasileños. Además, se cuenta con escritores de Argentina, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Nicaragua, Panamá y Puerto Rico. El Perú, desde ahora, cuenta con dos escritores en Limón Partido. Además de Elma Murrugarra, se suma el poeta, editor y arequipeño de corazón José Córdova (Porcón, La Libertad, 1979), director del activo sello independiente Cascahuesos, que opera tenazmente en Arequipa.
Animal desbocado es un «poema-río» como el mismo autor lo refiere en una noticia final del libro. Es decir, se trataría de un solo y extenso texto, fragmentado en setenta y seis partes numeradas del setenta y cinco al cero que funcionarían aparentemente como poemas autónomos. Lo particular es que se trata de una cuenta regresiva hacia una zona u hora cero de un solo e intenso verso: «sólo somos lo que hemos aprendido», dice Córdova, con lo cual no solo finaliza su fiera reflexión sino que además remata en clave de aforismo la realidad que subyace a la idea principal y desliza a manera de conclusión el aspecto cognitivo y filosófico del ser aludido a lo largo del libro.
En este poemario el autor enfoca reiteradamente su interés por la persona animal. Vallejo está presente, pero más allá de esta marca obvia está la legión de voces que se trenzan en una lucha por alcanzar una verdad generalmente esquiva. La búsqueda de la exactitud semántica, de la palabra precisa y del significado posible e imposible son las mejores pulsiones del poemario. En ese sentido, el poeta se esmera por recobrar la belleza desde las experiencias y recuerdos más degradantes y sórdidos de la cotidianeidad. Córdova lleva al lector hacia límites inusitados, hasta acorralarlo en resonancias deliciosas, crueles metáforas y delirios lingüísticos.
El hambre —imagen explotada hasta el hartazgo adánico en el libro— es la ausencia de poesía y, sobre todo, de la posibilidad de uno mismo. El re-descubrimiento de la naturaleza animal le permite al lector recobrar el valor de mirarse ante un espejo y sostener la verdad revelada en el instante de duda concentrado en las pupilas dilatadas.
De acuerdo con el autor, este libro lo escribió a finales del verano de 2003, después de sufrir un asalto a los alimentos de su casa. Pero el trabajo realmente duro fue el de corrección. Esos ocho años de reescritura solventan la aparición de un libro maduro de magníficas resonancias. Para ello, Córdova se vale de un narratario, o sea, una figura dentro de la obra que sirve como receptor de lo narrado, que dista de la plana segunda persona, el ramplón típico de la poesía cursi.
En la cuenta regresiva, el yo sufre una transformación sustancial, una introspección en espiral hacia un estado de epifanía embrionaria que se va encerrando entre paréntesis uterinos. Como dice el citado poeta h.h.: «Una cosa es usar el yo y otra ser el yo. This is the question (...) El contenido de un vaso de agua sin agua es el aire. El tono es el agua. El yo es el vaso y el tú la mano que lo pretende recibir. La lectura es la sed. La poesía es el océano». El hambre es el pre-texto, diría Córdova como en un ejercicio de ventriloquia.
A la aparición de este libro de José Córdova que debe celebrarse por todo lo alto, cabe sumar aplausos al lanzamiento de otro poemario de Proyecto Literal bajo el sello Pico de Gallo: Contra natura de Rodolfo Hinostroza. Esta colección dedicada a poetas consagrados devuelve la posibilidad de acercarnos a un libro imprescindible que fuera publicado hace más de cuarenta años.
Esta nueva edición pondrá al alcance de quienes valoran la poesía de uno de los escritores más importantes en lengua española. Se está ante un libro de cuatro décadas con una frescura asombrosamente reciente que conmueve, pero, sobre todo, transforma, pues se trata de un planteamiento estético vigoroso y potente que brilla aun más con el paso del tiempo.